sábado, 14 de marzo de 2026

Terrorismo de Estado en Salta el libro de Martín Avila

 


2016, Martín Avila.

Síntesis estructural.

 

La obra Terrorismo de Estado en Salta (1975-1983), de Martín Ávila, se organiza de manera cronológica y temática para abordar el funcionamiento del aparato represivo y el posterior proceso de justicia. El libro está estructurado en tres partes principales, que van desde la conceptualización teórica hasta el detalle de las sentencias judiciales.

Fragmentos del libro.

A continuación, se describe la estructura y síntesis de sus capítulos:

Primera Parte: Introducción

Esta sección se enfoca en conceptualizar el Terrorismo de Estado y su implementación específica en la provincia de Salta.

  • Capítulo I: Define jurídicamente el terrorismo de estado como la deformación de las instituciones que, debiendo procurar el bien común, se convierten en violadoras de derechos. Introduce el marco del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, destacando el Estatuto de Roma y la responsabilidad penal individual por crímenes de lesa humanidad.
  • Capítulo II: Analiza la transición hacia el Estado Terrorista en Argentina, señalando antecedentes como el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955. Se centra en las particularidades de Salta, destacando el liderazgo de Miguel Ragone y su gobierno, que terminó con su secuestro y desaparición el 11 de marzo de 1976.

Segunda Parte: Del Cepo de Impunidad al Juzgamiento de los Genocidas

Describe el recorrido legal desde la normativa que permitió la represión hasta las leyes y fallos que finalmente permitieron juzgar a los responsables.

  • Capítulo I: Detalla el inicio de la persecución estatal antes del golpe de 1976, mediante la Ley 20.840 y los "Decretos de Aniquilamiento" que otorgaron control operacional a las fuerzas armadas para eliminar la "subversión".
  • Capítulo II: Aborda los primeros pasos hacia la justicia con el retorno de la democracia, incluyendo la creación de la CONADEP y las reformas al Código de Justicia Militar (Leyes 23.049 y 23.077) para permitir el Juicio a las Juntas.
  • Capítulo III: Explica el periodo denominado el "cepo de la impunidad", caracterizado por las leyes de Punto Final, Obediencia Debida y los indultos presidenciales que paralizaron las causas judiciales durante años.
  • Capítulo IV: Narra el fin de la impunidad a partir de 1998 y especialmente en 2003, con la anulación de las leyes del olvido, la ratificación de tratados internacionales sobre imprescriptibilidad y el fallo "Arancibia Clavel" de la Corte Suprema.

Tercera Parte: Los Juicios

Es la parte más extensa del libro, donde se sintetizan siete procesos judiciales clave con sentencia definitiva en Salta hasta finales de 2015.

  • Capítulo I: Presenta la "MegaCausa U.N.Sa y otros", que involucró a 34 víctimas y 19 imputados, abordando casos emblemáticos como los asesinatos de Eduardo Fronda y el periodista Luciano Jaime.
  • Capítulo II: Se centra en la primera parte de la causa "Ragone", incluyendo una entrevista a Fernando Pequeño Ragone y el análisis de la sentencia dictada en 2011 por la desaparición del exgobernador.
  • Capítulo III: Detalla la segunda parte de la causa "Ragone" y otros casos conexos, analizando la responsabilidad de nuevos imputados y las penas impuestas.
  • Capítulo IV: Analiza la masacre de "Palomitas", el fusilamiento de 11 presos políticos en julio de 1976, incluyendo el testimonio de Nora Leonard y los fundamentos del veredicto de 2010.
  • Capítulo V: Trata la segunda parte de la causa "Palomitas", continuando la investigación bajo el antiguo código de procedimientos para juzgar a otros responsables como Luciano Benjamín Menéndez.
  • Capítulo VI: Describe la causa "Metán", que investigó crímenes contra 12 víctimas de esa localidad, analizando la estructura represiva que operaba en el sur de la provincia.
  • Capítulo VII: Resume la causa "Melitón Bustos", referida al secuestro y desaparición del escribano de Tartagal, siendo el primer juicio oral sobre delitos de lesa humanidad en la jurisdicción.

Terrorismo de Estado en Salta (1975-1983) se constituye como una obra fundamental para la reconstrucción de la memoria histórica y la comprensión del aparato represivo que operó sistemáticamente en el norte argentino. A través de un minucioso recorrido que transita desde la desarticulación de las instituciones democráticas y el liderazgo de Miguel Ragone hasta el desmantelamiento del "cepo de impunidad", el texto no solo documenta la atrocidad de los crímenes cometidos, sino que también reivindica la persistente lucha de las víctimas y sus familiares por alcanzar una justicia que fue negada durante décadas. El análisis detallado de los juicios y sus veredictos definitivos reafirma el compromiso con la verdad y la justicia, erigiéndose como un testimonio indispensable para fortalecer la conciencia colectiva y garantizar, bajo el imperativo del "Nunca Más", que estos hechos aberrantes no vuelvan a repetirse en la sociedad.

 

lunes, 2 de marzo de 2026

Tras el cuerpo de Ragone

Documental realizado por Elia Fernández, sobrina nieta de Miguel Ragone. La pregunta central es ¿Dónde esta el cuerpo? Mayo de 2011.








El Caso de Miguel Ragone y la Búsqueda de la Verdad

 

Contenidos

ElCaso de Miguel Ragone y la Búsqueda de la Verdad

Acerca de la música en el documental

Elrelato del arrepentido

Laspalabras de Alfonso Ragone (hijo)

PerfilBiográfico y Trayectoria Política

ElOperativo de Secuestro y Desaparición

Impacto Familiar y Social

LaNecesidad del Cuerpo y la Verdad Histórica

Lasexpresiones de Clotilde (hija)

Lasexpresiones de Fernando (nieto)

 

 

El presente documental corto está realizado por Elia Fernández y Carol Méndez, en el marco de la Cátedra: Teoría de Televisión dirigida por los Prof. Ana Echenique - Prof. Santiago Álvarez, en la: Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Humanidades, en la Universidad Nacional de Salta, durante 2010.

Sintetiza la información recopilada sobre el secuestro, desaparición y búsqueda de los restos del Dr. Miguel Ragone, exgobernador de la provincia de Salta. Basado en testimonios judiciales de 2006 y relatos de familiares, el informe detalla el operativo de desaparición ejecutado por fuerzas de seguridad, el contexto político de su mandato y el impacto transgeneracional de su ausencia. Las conclusiones principales apuntan a la existencia de una "zona liberada" durante el operativo y a una ejecución planificada que culminó, según testimonios, en el Dique Cabra Corral. La búsqueda del cuerpo se presenta no solo como una necesidad forense, sino como un imperativo para la reconstrucción del tejido familiar y social tras décadas de incertidumbre.

A cerca de la música en el documental

El tema musical que se escucha al comienzo del documental es la canción "Desapariciones", cuya letra interpela directamente la problemática de los detenidos-desaparecidos en América Latina.

Descripción y Situación del Tema

La canción aparece desde los primeros segundos del documental, abriendo el relato con las estrofas: "pantalón claro camisa rayas salió anteayer / ¿A dónde van los desaparecidos? / buscan en el agua y en los matorrales". La letra vuelve a repetirse hacia el final de la tercera parte del material, cerrando el círculo narrativo de la obra.

Musicalmente, se sitúa como un marco de referencia emocional y social, ya que la letra cuestiona los motivos de las desapariciones ("¿y por qué es que se desaparecen? porque no todos somos iguales") y la falta de respuestas sobre el paradero de las víctimas.

Uso en el Contexto de las Entrevistas

El uso de esta pieza musical cumple varias funciones clave en relación con los testimonios presentados:

  • Refuerzo de la Búsqueda Física: La letra que menciona buscar "en el agua y en los matorrales" se vincula directamente con el relato del "policía arrepentido", quien describe cómo el cuerpo de Miguel Ragone fue arrojado en una zona de gran profundidad en el dique Cabra Corral. También resuena con la "necesidad ineludible" expresada por el nieto de Ragone de saber si el cuerpo fue tirado al dique, dinamitado o enterrado como NN.
  • Representación del Duelo Suspendido: La canción describe que el desaparecido "no trae pensamientos" cuando vuelve (en el recuerdo o el relato), lo cual se alinea con la experiencia de Clotilde Ragone, quien describe una "desestructuración de toda su vida" y un "desamparo total" tras la desaparición de su padre, manteniendo la esperanza de su aparición durante meses antes de que esta se desvaneciera.
  • Identidad y Memoria: Hacia el final, la música introduce nombres (como "Clara Quiñones"), lo que refuerza la intención del nieto de Ragone de "volver a inventar" y "recrear" la figura de su abuelo para que sea recuperada por la familia y la sociedad, transformando una ausencia estadística en una historia humana y personal.

Se trata aquí a la música como un hilo conductor que conecta la denuncia política de la letra con la angustia íntima de los familiares entrevistados.

 

El relato del arrepentido

La lectura que realiza Fernando Pequeño, nieto de Miguel Ragone, sobre el testimonio del "policía arrepentido" constituye un momento de altísima densidad simbólica y emocional dentro del documental.

Descripción del Acto y el Contenido

Sentado en la mesa del comedor diario de la casa de Ragone, el espacio más íntimo de la cotidianidad familiar, Fernando lee la declaración judicial de 2006 de un efectivo que integró el grupo de tareas. El relato describe con frialdad técnica el horror:

  • La ejecución con dos disparos dentro de un camión.
  • El traslado hacia el dique Cabra Corral en una zona liberada por la propia policía.
  • El macabro procedimiento de colocar el cuerpo en un cajón con cemento para arrojarlo desde un catamarán en una zona de 60 metros de profundidad.

Mérito y Análisis del Contexto

El hecho de que esta lectura ocurra en el hogar de Ragone y sea ejecutada por su nieto tiene varios significados profundos:

  1. Reapropiación del Espacio: Al leer los detalles del crimen en la mesa familiar, Fernando introduce la verdad judicial en el ámbito donde la vida fue "desestructurada" tras la desaparición. Es un acto de enfrentar el horror con la memoria doméstica, transformando el lugar del vacío en un lugar de justicia.
  2. La Reconstitución del Vínculo: Fernando explica que su labor ha sido "volver a poner en funcionamiento toda una serie de vínculos que se habían roto o que estaban estancados". Leer este testimonio es parte de su proceso de "padre de sus padres", asumiendo la carga de la verdad para devolverles a ellos (Clotilde y sus hermanos) una seguridad que les fue arrebatada.
  3. La Materialidad del Relato: Para el nieto, el cuerpo se ha vuelto una "necesidad ineludible". Dado que los grupos paramilitares buscaban que el cuerpo no pudiera ser reconstituido por los familiares, Fernando utiliza el relato del arrepentido para "plasmar la historia sobre el cuerpo".
  4. Cierre del Duelo: Aunque los restos físicos puedan ser inalcanzables en el fondo del dique, saber con precisión ese destino es para él "como tener un cuerpo recuperable". El mérito de la escena radica en que la palabra leída llena el vacío del desaparecido, permitiendo que Miguel Ragone sea "recreado" y finalmente despedido por su familia y la sociedad.

En este contexto, la mesa del comedor deja de ser un mueble para convertirse en un estrado de memoria, donde el nieto procesa el trauma familiar a través de la verdad histórica.

 

Las palabras de Alfonso Ragone (hijo)

Tras la lectura del testimonio del "policía arrepentido", las expresiones de Alfonso Ragone, hijo del exgobernador, se centran en la relación humana con su padre y el impacto inicial de su desaparición. Su testimonio puede sintetizarse en las siguientes dimensiones:

1. La Dimensión de la Humildad y la "Naturalidad"

Alfonso destaca la insistencia de su padre en mantener una vida sencilla a pesar de su cargo político. Relata que Miguel Ragone les pedía que "sigamos siendo naturales" y que no se acostumbraran a los privilegios de la gobernación. La visión del padre era que, una vez terminado el mandato, debían volver a ser "lo de siempre", evitando que el poder transformara la esencia de la familia.

2. La Dimensión Filial frente a la Política

Para Alfonso, la figura pública de su padre quedaba en segundo plano frente al vínculo afectivo. Aunque a veces lo recibían en el aeropuerto en su rol oficial, expresa que él y sus hermanos "como padre lo queríamos ver", priorizando el contacto familiar por sobre el protocolo del cargo.

3. La Dimensión del Impacto y la Distancia

Alfonso recuerda el momento preciso en que la tragedia irrumpió en su vida: se encontraba en Buenos Aires estudiando cuando recibió el llamado telefónico con la noticia de la desaparición. Este evento marcó un quiebre abrupto entre su vida como estudiante y la crisis familiar.

4. La Dimensión de la Esperanza Inicial

Al igual que otros miembros de la familia, Alfonso manifiesta que en los primeros momentos no dimensionaron la finalidad del acto. Expresa que, tras recibir la noticia, mantenía la esperanza de que su padre apareciera a los dos o tres días, antes de comprender la gravedad y el desamparo total que vendría después.

Esta síntesis refleja cómo Alfonso procesa la figura de su padre no solo como un líder político desaparecido, sino como un guía que intentó preservar la integridad y sencillez de su familia hasta el último momento.

 

Perfil Biográfico y Trayectoria Política

Se trata de datos narrados en la voz de Fernando Pequeño (nito) sobre despliegue de fotografías familiares.

Miguel Ragone emerge como una figura central del peronismo en el norte argentino, cuya vida estuvo marcada por la vocación médica y el compromiso institucional.

  • Orígenes y Formación: Nacido en enero de 1921 en Tucumán, en el seno de una familia humilde de origen napolitano. Se trasladó a Salta a los 5 años. Se graduó como médico en la Universidad de Buenos Aires (UBA).
  • Carrera Pública: Militante peronista desde joven, se desempeñó como secretario de Ramón Carrillo durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1954).
  • Ascenso al Poder: Tras 17 años de proscripción del peronismo, Ragone ganó las elecciones a gobernador de Salta el 11 de marzo de 1973, obteniendo más del 60% de los votos. Su gestión se caracterizó por abrir un periodo de grandes expectativas sociales.
  • Entorno Familiar: Casado con Clotilde Suárez, con quien tuvo cuatro hijos: Clotilde, Alfonso, Miguel y José.

 

El Operativo de Secuestro y Desaparición

De acuerdo con el testimonio de un policía arrepentido brindado en 2006, el operativo contra el Dr. Ragone fue una acción coordinada que involucró a altos mandos policiales y logística específica.

Logística y Ejecución

El operativo inicial contó con una infraestructura vehicular que incluía dos automóviles Falcon verdes y un Torino. Se destaca la implementación de una "zona liberada", ya que el convoy no fue interceptado por ninguna comisaría o personal policial durante su trayecto.

Identificación de Responsables y Participantes

El testimonio identifica a figuras clave en la cadena de mando y ejecución:

  • Joaquín Guil: Director de Seguridad de la Policía.
  • "El Sapo" Toranzos: Policía señalado como quien efectuó los disparos dentro del camión donde se encontraba Ragone.
  • Ugarriza y Monasterio: Encargados de la logística del traslado fluvial.

El Destino Final de los Restos (Hipótesis del Dique)

El relato detalla un proceso sistemático para asegurar la desaparición del cuerpo:

  1. Traslado hacia el Dique Cabra Corral (aproximadamente 45 minutos de viaje).
  2. Colocación del cuerpo en un cajón preparado con cemento.
  3. Traslado en lancha hacia un catamarán situado a 100 metros del dique.
  4. Lanzamiento del cajón en una zona de 60 metros de profundidad.

Etapa del Operativo

Elementos Clave

Captura

Falcon verdes, Torino, camión.

Ejecución

Disparos dentro del camión por parte de Toranzos.

Ocultamiento

Cajón con cemento, lancha y catamarán.

Ubicación declarada

Zona profunda (60m) del Dique Cabra Corral.

 

Impacto Familiar y Social

La desaparición de Ragone provocó una "desestructuración total" en su núcleo familiar, afectando planes de vida y la estabilidad emocional de sus descendientes.

  • La Perspectiva de los Hijos: Su hija relata el acoso policial (allanamiento de su domicilio 11 días antes de dar a luz) y la transición del enojo a la necesidad de continuar el legado ideológico de su padre.
  • La Perspectiva de los Nietos: Durante el juicio, los nietos han asumido un rol activo en la reconstrucción de los vínculos familiares rotos. Describen el proceso como una "reinvención" de Miguel Ragone dentro de la memoria familiar y colectiva.
  • La Construcción de Redes: El proceso judicial ha permitido reconectar vínculos políticos, judiciales y familiares que estuvieron estancados durante décadas.

 

La Necesidad del Cuerpo y la Verdad Histórica

Tras más de 30 años de búsqueda, la localización de los restos —o al menos la certeza sobre su destino— se ha vuelto una necesidad ineludible para los familiares y la sociedad.

Hipótesis Alternativas sobre el Destino del Cuerpo

Aunque el testimonio del Dique Cabra Corral es detallado, los familiares consideran otras posibilidades propias de las estrategias paramilitares de la época:

  • Dinamitado de los restos: Para evitar cualquier posibilidad de reconstrucción física.
  • Entierro en zonas militares: Específicamente en terrenos bajo control del ejército.
  • Entierros NN: Inhumación en cementerios locales sin identificación, o cerca de vías ferroviarias (mencionando zonas como Cerrillos).

La figura de Miguel Ragone trasciende su rol como médico y gobernador para convertirse en un símbolo de la lucha por la memoria en Salta. El testimonio de 2006 proporcionó una hoja de ruta geográfica para la búsqueda, pero la desaparición sistemática empleada por los grupos de tareas ha dejado una herida abierta que solo la verdad histórica y la posible recuperación de los restos pueden comenzar a cerrar. La reconstrucción de su historia es, en palabras de sus familiares, una forma de "volverlo a inventar" para que sea recreado por la sociedad en su conjunto.

 

Las expresiones de Clotilde (hija)

Basado en las fuentes proporcionadas, es posible describir detalladamente las expresiones y vivencias de Clotilde Ragone (hija de Miguel Ragone), mientras que la información sobre Alfonso Ragone es limitada a su mención como miembro de la familia.

Expresiones de Clotilde Ragone

Clotilde Ragone comparte un relato profundamente emocional sobre el impacto de la desaparición de su padre y cómo esto moldeó su vida:

  • Desamparo y Desestructuración: Al recibir la noticia de la desaparición, experimentó un "desamparo total" y una "desestructuración" de su vida. Describe que perdió su rumbo porque su padre era su guía y el motor de sus proyectos, como su deseo de graduarse de médica para trabajar a su lado.
  • Prioridad Familiar sobre la Política: Ante la tragedia, decidió que lo más importante era reestructurar la vida familiar y apoyar a sus hermanos, esposo e hijos, considerando que su padre ya le había dado suficiente a la sociedad a través de la política.
  • Duelo, Esperanza y Enojo: Relata que durante mucho tiempo mantuvo la esperanza de que su padre aparecería, pero cuando esa esperanza se desvaneció, fue reemplazada por un enojo profundo que le duró muchísimos años.
  • Sentimiento de Libertad y Legado: Tras cumplir con la crianza de sus hijos, sintió que el tiempo finalmente era suyo y experimentó una sensación de libertad. Esto la llevó a querer honrar las ideas de su padre ayudando a la gente, sintiéndose reconfortada al intentar continuar su legado.
  • Necesidad de Verdad: Expresa una necesidad ineludible de saber qué pasó con los restos de su padre, manifestando su esperanza de que el juicio revele el destino final del cuerpo para poder tener paz.

 

Las expresiones de Fernando (nieto)

Tras las palabras de su madre, Clotilde, el testimonio de Fernando Pequeño se profundiza en la reconstrucción del tejido familiar y la búsqueda de sentido tras 34 años de ausencia. Sus expresiones pueden sintetizarse en las siguientes dimensiones:

1. Dimensión de la Reconstitución Familiar y Cambio de Roles

Fernando describe su labor como un trabajo de construcción de redes políticas, judiciales y familiares para reactivar vínculos que estaban "rotos o estancados". En este proceso, manifiesta haber vivido una inversión de roles generacionales, transformándose en el "padre de sus padres". Su objetivo fue brindarles a ellos la seguridad que un hijo normalmente espera recibir, asumiendo la responsabilidad de liderar la búsqueda y el proceso judicial.

2. Dimensión de la Identidad y la "Invención" del Abuelo

El nieto expresa que el juicio y la investigación le permitieron "volver a inventar a Miguel Ragone" dentro de sí mismo. Esta recreación no es solo personal, sino colectiva, permitiendo que su familia y la sociedad lo redescubran. Esta dimensión está ligada a una fantasía reparadora: Fernando se pregunta constantemente cómo habría sido su familia y qué relaciones habrían construido si su abuelo hubiera estado vivo durante esas tres décadas.

3. Dimensión de la Necesidad Ineludible del Cuerpo

Para Fernando, el cuerpo ha dejado de ser un concepto para convertirse en una "necesidad ineludible". Explica que la estrategia de los grupos paramilitares era precisamente la desaparición del cuerpo para evitar que los familiares pudieran "reconstituirse" a partir de él. Por ello, él siente la urgencia de "plasmar" la historia en algo concreto, ya sea el cuerpo físico o, al menos, un relato verídico sobre su destino final.

4. Dimensión del Destino como Forma de Recuperación

Fernando concluye que conocer con certeza qué sucedió —si fue dinamitado, enterrado como NN o arrojado al dique Cabra Corral— es vital para su paz mental. Afirma que, incluso si los restos son inalcanzables o se han desintegrado, conocer ese destino final sería equivalente a "tener un cuerpo recuperable", permitiendo finalmente cerrar el ciclo de incertidumbre que marcó a su familia por 34 años.

 

sábado, 24 de enero de 2026

Crónicas de la Memoria y la Verdad sobre el Dr. Miguel Ragone: Juan Carlos Villamayor en FM Pacífico

En 2006, con Salta en vísperas del 30.º aniversario de la desaparición del gobernador constitucional Miguel Ragone, los micrófonos de FM Pacífico 92.9 se convirtieron en un espacio de memoria y verdad. Desde su programa radial, Juan Carlos Villamayor, exintendente de la ciudad y figura de peso en la política salteña, recibió a protagonistas de la historia reciente para reconstruir aquella trama de la dictadura y la guerra interna del justicialismo que condujo al crimen de Ragone. Más que entrevistas, estas crónicas capturan el momento en que la provincia entera se enfrenta a sus silencios: donde la justicia, la traición, la dignidad y el olvido se disputan el relato de un pasado que aún no ha cerrado cuentas con su propia historia.









Crónicas de la Memoria y la Verdad sobre el Dr. Miguel Ragone: Juan Carlos Villamayor en FM Pacífico [1]

Más fotografías sobre Villamayor

En febrero y marzo de 2006, mientras Salta se preparaba para conmemorar el trigésimo aniversario del secuestro y desaparición de Miguel Ragone, los micrófonos de la radio local [2] se convirtieron en trincheras de la memoria. Las entrevistas que aquí se reconstruyen capturan un momento político e histórico singular: aquel en que la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad obligó a una provincia entera a mirar de frente no solo los horrores de la dictadura, sino también las heridas nunca cerradas de su propia historia peronista.

Ragone no fue una víctima más del terrorismo de Estado. Fue el único gobernador constitucional desaparecido en Argentina, arrancado de su cargo apenas once días después del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Pero su historia, como revelan estas voces, es más compleja y dolorosa que el simple relato de la represión dictatorial. En estas grabaciones emerge con crudeza la hipótesis de que su asesinato fue el desenlace de una "guerra interna" del justicialismo durante el gobierno de Isabel Perón, una trama donde la Triple A y el "López Reguismo" tejieron complicidades que anticiparon la tragedia.

Las voces que resuenan en estas entrevistas pertenecen a protagonistas directos de aquella época y de la lucha por la memoria: Juan Carlos Villamayor, ex intendente y autoproclamado confidente de Ragone en sus últimos días; Manuel Santiago Godoy, diputado provincial que navega entre el reconocimiento institucional y la acusación de oportunismo; Víctor Hugo "Turco" Elías, sobreviviente de Villa Las Rosas que investiga la "verdad histórica" desde las vísceras del peronismo; y Susana Canela, diputada nacional que busca el reconocimiento formal de Ragone como mártir democrático.

Lo que hace valiosas estas conversaciones no es solo la información que contienen, sino las tensiones que exponen. Aquí se cruzan la memoria militante y la política electoral, el dolor personal y la instrumentalización institucional, la búsqueda de justicia y los ajustes de cuentas internos. Villamayor, desde su programa en FM Pacífico, se erige como fiscal moral de una dirigencia que considera cómplice del olvido. Godoy, desde el poder legislativo, celebra la intervención nacional como un logro político. El "Turco" Elías prepara un libro que promete incomodar al oficialismo con documentos sobre la "renuncia" forzada de Ragone. Canela lleva el caso al Congreso Nacional.

Treinta años después del crimen, Salta está en vísperas de nuevas elecciones y la provincia discute no solo quién debe gobernarla, sino también quién tiene derecho a hablar en nombre de Ragone. Las entrevistas capturan ese momento preciso en que la historia se convierte en campo de batalla, donde cada testimonio es también una declaración política, cada recuerdo un acto de poder.

Esta reconstrucción rescata esas voces no para resolver sus contradicciones, sino para preservarlas en toda su complejidad. Porque la memoria, como nos enseñan estos diálogos, nunca es un territorio pacificado. Es un espacio de disputa donde el pasado se reescribe constantemente al ritmo de las urgencias del presente.

Las palabras que siguen son fragmentos de una conversación colectiva sobre la justicia, la traición, la dignidad y el olvido. Son testimonios de quienes vivieron aquellos años y ahora pelean por no dejar que se borren. Son, en definitiva, las voces de una provincia que todavía no termina de ajustar cuentas con su historia más oscura.

 

Juan Carlos Villamayor: Del Palacio Municipal al Micrófono de FM Pacífico

Juan Carlos Villamayor representa una figura paradigmática del cruce entre política y medios de comunicación en Salta. Abogado de profesión, exintendente de la ciudad de Salta durante el período 1995-1996 y actual secretario de las Personas Mayores de la provincia, Villamayor ha construido una segunda carrera como comunicador radial que se extiende por más de dos décadas, convirtiéndose en una voz influyente del debate político provincial. Las entrevistas que aquí se recuperan tienen lugar en su programa entre febrero y marzo del año 2006 en el contexto de los 30 años de la desaparición de Ragone.

Su plataforma radiofónica principal ha sido FM Pacífico 92.9, emisora de capital perteneciente al grupo mediático de Roberto "Tito" De Vita, empresario salteño que controla además el Canal 16 de Salta, configurando así un conglomerado comunicacional con presencia significativa en radio y televisión local. La emisora, cuyo lema es "La Radio va donde vos vas", opera en 92.9 MHz con programación variada que combina información, debates políticos, entretenimiento y música, manteniendo además presencia activa en redes sociales y plataformas digitales.

Desde aproximadamente 2005, Villamayor condujo su programa en el horario de 10:30 a 11:30, un espacio que se insertaba dentro del magazine central de FM Pacífico conducido por Tito De Vita, Ariel Luna y Lorena Vaca. El formato combinaba temas de actualidad salteña, análisis político y reflexiones sociales, estructurado principalmente a través de entrevistas y comentarios de opinión. Allí desarrollaba temáticas relacionadas con la política, la gestión gubernamental y, especialmente, cuestiones de interés para la población mayor, en consonancia con su rol como funcionario provincial.

El programa de Villamayor se caracterizó por ser un segmento político de opinión donde el exintendente ejercía una crítica mordaz y directa sobre la gestión pública provincial, convirtiéndose en un espacio de fiscalización mediática desde el propio aparato comunicacional vinculado al poder. Esta particularidad no es menor: FM Pacífico opera como parte de un grupo mediático que mantiene una fuerte relación con el gobierno de la provincia de Salta, habiendo recibido importantes montos de pauta oficial entre 2021 y años siguientes, lo que añade complejidad a la posición de Villamayor como columnista crítico dentro de un medio oficialista.

En 2026, la presencia de Villamayor en FM Pacífico ha experimentado una transformación en su formato. Si bien continúa vinculado a la emisora, ya no lo hace como conductor diario habitual sino como columnista y comentarista político. Su espacio actual no mantiene el horario fijo que caracterizó sus primeros años en el aire, sino que su participación se ha vuelto episódica y de análisis político, apareciendo como columnista o entrevistado en programas de debate cuando se abordan temas relacionados con la gestión provincial, la ciudad de Salta o las elecciones locales.

Los medios locales continúan identificándolo como "columnista de FM Pacífico" o "exintendente y columnista de FM Pacífico Salta", lo que indica que su vínculo con la emisora permanece activo aunque sin la regularidad de antaño. No se ha anunciado una salida formal de su relación con la radio, y notas periodísticas recientes confirman que sigue siendo una figura recurrente de opinión en la programación de la emisora.

Paralelamente, Villamayor ha mantenido presencia en otros medios radiales. Conservó durante años su emblemático horario de 9 a 10 en Radio Social, donde se emitió "La hora de Villamayor", aunque su nombre sigue asociado principalmente a FM Pacífico en la prensa local. En la actualidad, combina su rol como secretario de las Personas Mayores de la Provincia de Salta con su trabajo periodístico, donde emite comentarios sobre política salteña y nacional principalmente en FM Pacífico y otros medios de la provincia.

La programación actual de FM Pacífico mantiene una estructura de magacines diarios, informativos y espacios de opinión, aunque en la guía de programación pública no se detalla un horario específico para Villamayor como ocurría en años anteriores. Su presencia se ha institucionalizado como la de un analista político de referencia, consultado cuando la coyuntura provincial requiere voces con experiencia de gestión y conocimiento profundo de la política salteña.

La trayectoria de Villamayor en FM Pacífico ilustra la porosidad entre el ejercicio político y el comunicacional en las provincias argentinas, donde figuras públicas transitan del cargo ejecutivo al micrófono, construyendo legitimidad y capital político desde los medios. Su permanencia de más de veinte años en el aire, adaptándose a distintos formatos y roles, confirma su capacidad para mantener relevancia en el debate público salteño, operando simultáneamente como funcionario del gobierno provincial y como voz crítica en un medio con fuertes vínculos oficiales, una dualidad que define gran parte del ecosistema mediático-político de Salta.

 

Villamayor y Ragone: La Construcción de un Testimonio Histórico

La relación entre Juan Carlos Villamayor y Miguel Ragone constituye uno de los ejes centrales de la identidad política y comunicacional del exintendente salteño. Villamayor se presenta como colaborador cercano y confidente del gobernador desaparecido, afirmando haberlo acompañado hasta sus momentos finales antes del secuestro en marzo de 1976. Esta proximidad histórica le otorga legitimidad para posicionarse, junto a Víctor Hugo "Turco" Elías, como uno de los principales buscadores de la verdad sobre el caso, manteniendo viva la causa mucho antes de que se convirtiera en tema de agenda institucional. Desde su micrófono en FM Pacífico, Villamayor utiliza esa cercanía para sostener una tesis controversial: que la desaparición de Ragone fue fruto de una "guerra interna" del peronismo, señalando directamente a la Triple A y al entorno de López Rega como responsables. Al cumplirse el trigésimo aniversario del secuestro en 2006, esta postura le sirve también para fustigar a los dirigentes que intentan "colgarse" de la figura de Ragone por conveniencia política, a quienes califica como "oportunistas" que llegan tarde a una lucha que él dice haber sostenido durante décadas. Así, la relación de Villamayor con Ragone trasciende lo testimonial para convertirse en un capital político y moral que le permite ejercer crítica y reivindicación desde los medios, posicionándose como guardián de una memoria que disputa tanto con el olvido como con las apropiaciones institucionales del pasado.




[1] Orden (NotebookLM y Claude): Identifica a los interlocutores en cada una de las fuentes y caracterízalos brevemente. Explora el contexto histórico del discurso o entrevista. Indica el nombre de la fuente y quienes son los interlocutores en la misma. Expresa un rango de fechas comprendido en las fuentes.

[2] El nombre de la radio donde se desarrollan las entrevistas es FM Pacífico. Esta emisora transmite a través de la frecuencia 92.9. El programa conducido por Juan Carlos Villamayor se emitía habitualmente de lunes a viernes a las 10:30 de la mañana. Villamayor describe este espacio radial como un lugar de encuentro con su audiencia, a la que se refiere cariñosamente como los "radio escucha" que sintonizan la señal para seguir sus editoriales y entrevistas sobre la actualidad política y social de Salta.

 










sábado, 18 de enero de 2025

El legado de los Ragone: el viaje político de una familia

 El docuemtnal es un relato personal sobre la vida y la muerte del abuelo del narrador, un gobernador argentino asesinado durante la dictadura militar. Se explora la trayectoria familiar, desde su humilde origen inmigrante italiano hasta el ascenso social y político del abuelo, destacando su compromiso con la salud pública y el peronismo. También se describe el contexto político de la época, incluyendo la violencia y la represión, culminando con el secuestro y asesinato del abuelo y el impacto en la familia. Finalmente, el narrador reflexiona sobre el legado de su abuelo y las secuelas de la dictadura.


Ragone x Ragone




viernes, 29 de diciembre de 2023

Gobernador Miguel Ragone en Embarcación Pichanal Colonia Santa Rosa

 





 



Imágenes de las primeras acciones institucionales del gobierno popular de Miguel Ragone

 


El presente material contiene imágenes  de las primeras acciones institucionales del gobierno popular de Miguel Ragone en Salta, en 1973. 

Se trata de 15 minutos de filmación recuperadas por el Archivo Histórico de Salta a fines de 2019. Solo imagen, no contiene audio. Las mismas sin sello de agua y en alta resolución (presentada aquí en 600 x 600 px), se encuentran disponibles en el Complejo de Biblioteca y Archivo de Salta. 

Descripción de contenido: 

segmento 1: 25 mayo 1973, asunción de gobierno en la Legislatura de Salta

segmento 2: 25 mayo 1973, Interventor Spanghemberg entrega bastón de mando a Ragone. Casa de Gobierno, Mitre 23

segmento 3: Corte de Justicia de Salta, asunción de jueces de la Corte. 

segmento 4: mayo 1973 visita al Comando del Ejército en Salta. 

segmento 5: mayo de 1973, cena. 

segmento 6: noviembre 1974, Congreso Eucarístico realizado en Salta


 



miércoles, 11 de mayo de 2022

Blanca Lescano, notas de clase 01

 


Blanca Lescano, notas de clase

 






Proyecto en Diptuados, por un espacio de memoria

 

En 1996... 




Ex Presas Políticas de la liberación

 





¿Dos demonios o dos proyectos de pais?

 



Leyes y tratados sobre derechos humanos en argentina

 




domingo, 6 de febrero de 2022

Entre el peronismo histórico (transformador) y el peronismo conservador (del orden)

El peronismo histórico, transformador, progresista y hasta revolucionario
se enfrentaba inevitablemente con el otro,
conservador, pragmático, el del orden


Fuente: Artemio López en blog Ramble Tamble
Autor: Teodoro Boot
Publicado en 2022-02-05
Aporte de: Elena Eloísa Rivero
Ultima revisión, 2022-02-06



“Desde fines de 1955, con un pueblo en derrota y un líder ausente, soy un desterrado corporal e intelectual”
Leopoldo Marechal, Megafón o la guerra, 1970.


El 11 de marzo de 1973 parecían llegar a su fin 18 años de persecución, proscripción injuria y exclusión de la vida política de la mayoría de los ciudadanos argentinos. Habían sido años difíciles, en los que la violencia iba en aumento al tiempo que el pueblo perdía derechos, los lazos de la dependencia nacional adquirían mayor firmeza y multiplicidad, y la sociedad se tornaba más diversa, compleja, cruzada por nuevos conflictos, inquietudes y aspiraciones.

La “revolución” había llegado para quedarse y teñía todos los aspectos de la vida cotidiana, desde la liberación femenina, el amor libre, la perduración de la revolución cubana con su aire en apariencia descontracturado y juvenil, la renovación católica de Juan XXIII, Paulo VI, el Concilio Vaticano II y los Sacerdotes para el Tercer Mundo, la lucha del Frente de Liberación Nacional de Argelia, cuya profundidad llegaba al conocimiento general a través de los inspirados ensayos de Franz Fanon, la revolución nacionalista y libertaria de los militares peruanos, la audacia y el espíritu robinhoodiano de los Tupamaros, la asombrosa resistencia vietnamita, la supuesta vía pacífica chilena hacia el socialismo, el resurgimiento del nacionalismo revolucionario boliviano de la mano de los generales Ovando Candia y Juan José Torres, y la aparición de la “juventud” como categoría social y cultural, casi ontológica, enfrentada a un “orden establecido” caduco y oloroso a naftalina, en abierta rebelión contra “la muerte climatizada que se quiere ofrecer como porvenir”, según parafrasearía el líder ausente –que no se privaba de nada– una consigna del mayo francés.

Ese ausente, por quien siete años antes nadie daba un centavo, conseguía lo imposible y volvía en triunfo luego de una serie casi interminable de derrotas: el golpe de Estado de 1955 (del que, como suele ocurrir, fue casi su principal, obviamente involuntario, artífice), la anulación por decreto de la Constitución del 49, la previsible traición de Frondizi (debida a la vez a su propia duplicidad y a su objetiva impotencia), la derrota y desarticulación de la Resistencia Peronista a manos de la inteligencia militar auxiliada por los “asesores” franceses, el surgimiento de los neoperonismos (originados en la descabellada prolongación de una proscripción que sonaba a perpetua), las necesidades propias de las estructura sindicales (componentes de un movimiento obrero nacionalista y revolucionario y a la vez instituciones del sistema legal defensoras de los intereses concretos de trabajadores concretos), el abierto desafío de un nuevo proyecto sindical-laborista que, ante una enésima proscripción, saboteó la orden de votar en blanco en las elecciones de 1963, la impericia, el desinterés, tal vez un nuevo abierto sabotaje de la dirigencia política y sindical al intento de retorno en 1964, su pírrica victoria sobre Augusto Vandor en las elecciones de Mendoza que, junto a la imposibilidad de prolongar la proscripción por parte de un gobierno que presumía de democrático, precipitaron el golpe de Juan Carlos Onganía con el entusiasta apoyo de los dirigentes de los gremios más importantes y sus políticos satélites.

Es entonces que tiene lugar una auténtica obra maestra de la política (de la “conducción”, dirá el artista): la resucitación del muerto por medio del aliento a la iniciativa de los sindicatos combativos que, a la muerte de Amado Olmos, su principal y más lúcido dirigente, representados por un sindicalista naif de abierta y activa filiación católica, el aliento a los sectores medios decepcionados por las agachadas de Frondizi, las sucesivas claudicaciones del aprendiz de Generalísimo, la genuflexión de un partido comunista convertido en un club de amigos de la URSS, un socialismo cada vez más obsoleto y braguetero, a un catolicismo postconciliar en plena renovación y actualización, a la revitalización de los viejos cuadros combativos de la Resistencia y, principalmente, el empuje de la “juventud”, esa categoría cultural capaz de englobar a un tiempo al hippismo, la “nueva ola”, el rock, los cuadros y activistas de la primigenia juventud peronista, los nuevos activistas obreros, los de la acción católica, los social cristianos, los nacionalistas, los progresistas y los oriundos de la izquierda marxista (trotskista, maoísta, guevarista, antiestalinista y ex estalinista).

Todos estos ingredientes hierven en un caldo peronista en que la violencia producto de la agresión, la persecución, la proscripción y la impotencia se cocía a fuego lento a lo largo de una década larga: la toma por la fuerza de los sindicatos por comandos civiles socialistas, clericales y liberales, los miles de presos políticos de la dictadura libertadora y democrática, la campaña de sabotajes de la Resistencia, la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre, los miles de presos CONINTES, la frustrada guerrilla de los Uturuncos, la desaparición de Felipe Vallese, la prisión y tortura de cientos de activistas políticos y sindicales, la rebelión de los cañeros tucumanos, la estrategia insurreccional del Movimiento Revolucionario Peronista, las primeras operaciones comando, el intento guerrillero de Taco Ralo, la aparición de las Fuerzas Armadas Peronistas… Si es verdad la afirmación de Bismark de que un hombre es tan grande como la ola que ruge bajo sus pies, debemos convenir que sobre esa cada vez más rugiente ola surfeaba ese ausente cuya presencia se hacía cada vez más necesaria, justamente, por ser el único que aparecía en condiciones de encauzar y conducir ese auténtico maremoto.

Es ese y no otro el caldo que permite, por fin, el tan ansiado como postergado retorno. Es esa juventud variopinta, contradictoria, audaz, inexperta, necia, arrogante y dispuesta a todo la que consigue lo imposible: en medio del escepticismo general, colaborar con el regreso a quien encarna la única solución posible para un país desquiciado, endeudado, dependiente, pero todavía entero.

El problema es que quien volvía no era el mismo que se había ido, ni el país ni su movimiento político eran iguales a cómo los había dejado.


La reconstrucción

Lo primero que debe tomarse en cuenta es que, luego del infarto sufrido a fines de 1972 y el progreso inevitable de su dolencia, el Perón que regresa en el 73 está físicamente enfermo y sumamente debilitado. Y regresa para hacerse gradualmente cargo de una tarea que lo debilitará aun más y cada vez más aceleradamente: nadie podía gobernar en su lugar y, al fin de cuentas, había sido el único proscrito en las elecciones del 11 de marzo.

Regresa como “prenda de paz”, dispuesto a llevar a cabo una inédita unidad nacional, para lo cual había empezado por sellar con un abrazo el reencuentro con su histórico opositor Ricardo Balbín, y deponer viejos enconos y enfrentamientos con la Iglesia Católica y los partidos de izquierda, y el centroizquierda.

No era suficiente con que la “unidad nacional” se expresara en los acuerdos políticos: resultaba imprescindible que fuera económica y social, a fin de promover un desarrollo armónico de las fuerzas productivas que permitiera ir recuperando los derechos sociales conculcados, para lo cual pone en marcha un “imposible” Pacto Social sostenido en tres pilares imprescindibles: su incuestionable autoridad política, la capacidad y representatividad del dirigente empresario y ministro de Economía José Ber Gelbard y la inquebrantable fidelidad de José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT.

Lo segundo a ser tomado en cuenta es el aislamiento internacional: entre los movimientos y gobiernos de liberación nacional latinoamericanos, tan sólo Velazco Alvarado, Fidel Castro y Omar Torrijos sobrevivirán a ese fatídico año 1973.

Y tan sólo Perón parece ser consciente –solitaria y dramáticamente consciente– de la necesidad de reconstruir no sólo la sociedad sino hasta al propio hombre argentino, desgarrado por la frustración, la impotencia, el egoísmo y el descreimiento.

Lo tercero, que el “Partido Militar”, instrumento de los intereses oligárquicos y fundamentalmente, trasnacionales, no estaba derrotado sino en repliegue. Y, ya antes de empezar, había preparado y puesto en marcha lo que sería su principal instrumento de desestabilización: los grupos clandestinos dedicados al terrorismo y el asesinato, que pronto articularán a diversas bandas de lumpenpolicías nucleadas por José López Rega (probablemente inspirado por el embajador estadunidense Robert Hill), conocidas genéricamente como Triple A.


El discurso revolucionario

Suele decirse, con singular inexactitud, que el exiliado no “conocía” el país al que regresaba. No es verdad: pocos dirigentes fueron capaces de palpar el estado de ánimo, las expectativas, las limitaciones y las posibilidades de la sociedad argentina de ese momento, una sociedad a la que la incesante combinación de golpes militares y gobiernos títeres había vuelto singularmente conservadora y autoritaria y al mismo tiempo ávida de cambios y novedades.

Lo que sí tal vez pueda decirse es que Perón desconocía o no alcanzaba a calibrar acabadamente el grado de complejidad, la naturaleza y el sesgo intemperante, sectario y violento que años de persecución habían impreso a su propio movimiento.

Quiere la teoría marxista que la historia sea producto de la lucha de clases, así como las religiones la consideran fruto de la Providencia. Tenemos la sospecha de que no es fruto de nada tan científico ni obra de voluntad tan excelsa, sino que es simplemente consecuencia de la aciaga combinación de inercia y estupidez: una cosa lleva a la otra y la necedad hace el resto.

El peronismo no era ya, efectivamente, el de “los años felices”, por un lado ese movimiento propio de una época signada por el verticalismo autoritario de las distintas variantes fascistas y estalinistas, y por el otro inusitadamente pacífico, heterogéneo, ecléctico, libertario, indisciplinado y, en cierto modo, ingenuo y pueblerino.

La juventud, esa juventud, formaba ya parte insustituible del movimiento peronista –la mayoría de sus activistas jamás había sido otra cosa– y, más allá de las diferencias internas, se sentía, con bastante justicia, artífice del tan postergado retorno: al fin de cuentas había puesto el cuerpo, el esfuerzo y la imaginación en una gesta en la que nadie más parecía haber creído.

Para los sindicatos, particularmente los más importantes, en los que Perón se apoyaba ahora, anteriormente alineados en el proyecto neolaborista y forjados en 18 años de resistencia y negociación, de acomodarse a los distintos gobiernos, de presionar, transigir y aprovechar, de tascar el freno y de corcovear ante los deseos del propio líder, esos jóvenes eran amenazantes usurpadores que pretendían desplazarlos de sus propios sindicatos.

Quienes habían sido efectivamente desplazados de los espacios de poder político eran los sindicatos combativos: de hecho, en el diseño pergeñado por Perón para integrar las fórmulas electorales provinciales, con un sindicalista acompañando a un político, el único dirigente sindical combativo en ser candidato a vicegobernador había sido Atilio López. Todos los demás respondían a las 62 organizaciones y la mayoría eran dirigentes metalúrgicos.

Si la rama femenina respondía mayoritariamente a los sindicatos tradicionales, los dirigentes “políticos”, los “doctores” de un movimiento polifacético y verticalista para el que el partido político no había sido más que un circunstancial instrumento electoral, pronto quedaron divididos entre los que abrevaban de las 62 organizaciones y los más estrictamente “políticos”, quienes –por más que en muchos casos pudieran preciarse de una trayectoria “combativa”, aun “revolucionaria”– se sentían identificados en un difuso “camporismo”, representados por un dirigente –a partir del 25 de mayo un Presidente– que tenía más de político pueblerino de talante conservador que de líder revolucionario ultraizquierdista.

Fiel a Perón hasta las últimas consecuencias, ese dentista conservador surgido de las páginas de la revista Rico Tipo, hizo suyo el “nuevo” discurso peronista: un campaña electoral hecha a pulmón, festiva y juvenil, consiguió despertar las esperanzas de un pueblo sumido en el escepticismo. El candidato prometía lo imposible, como la “drástica derogación de la legislación represiva, denuncia de la OEA por ser una estructuración dependiente del imperialismo norteamericano, restablecimiento de relaciones con Cuba. Creación de medidas encaminadas a impedir a las empresas tomar represalias contra los huelguistas, control obrero de las fuentes de producción, amnistía total de detenidos por causas políticas o sociales. Prohibición a las FFAA para actuar en la represión interna».


La demonización en la lucha por el poder

En este marco comienza a producirse, primero sordamente en el transcurso del año 72, y luego en forma cada vez más abierta, la puja por los espacios de poder. Quienes se enfrentan no son ya políticos ávidos de empleos –aunque los hubiera, y en cantidad– sino “sectores de poder” endurecidos tras casi dos décadas de violencia y animados de proyectos en apariencia diferentes y hasta antagónicos.

Pero ¿era realmente así o sería que la política había sido reemplazada por una versión bastarda de la religión, un ánimo inquisitorial necesitado de la demonización y en consecuencia de la eliminación del adversario y el diferente?

Si toda estructura jerárquica tiende a la autopreservación, particularmente en un peronismo ilegalizado y agredido, sus dirigentes tendían a eternizarse en espacios de conducción a los que no se solía llegar mediante una “compulsa democrática” o “elecciones internas”, sino a través de la lucha, el golpe de mano, el aprieto, el dedo y en el mejor de los casos “el consenso”. Es casi natural que en tales circunstancias, los núcleos dirigentes tiendan a la autopreservación, a poner por delante de los ideales y objetivos colectivos, de “los fines del movimiento”, la preocupación casi excluyente de fortalecer la organización y, principalmente, su propio lugar en ella.

En la lucha por los espacios de poder, quienes no lo ejercen tratarán de ocuparlo, lo cual es lógico, natural y hasta saludable, excepto cuando se deposita en el otro la representación de todo lo malo y dañino, cuando la política se transforma en caza de brujas.

Es así que mientras para la llamada “dirigencia tradicional” esos jóvenes que pretendían llevarse el mundo por delante y no se mostraban dispuestos a acatar ninguna autoridad ajena a ellos mismos, esos amenazantes usurpadores, fueron inmediatamente acusados de “infiltrados”. Mientras para los jóvenes que se sentían depositarios de lo verdaderos ideales del peronismo esos dirigentes “tradicionales” del partido y el sindicalismo, mañeros y taimados, sin los que nadie podía intentar seriamente gobernar, fueron inmediatamente identificados como “traidores”.

Entre “infiltrados” y “traidores” no hay diálogo posible: sólo queda la eliminación, en el más pacífico de los casos, la exclusión.


Los “fines del movimiento”

Los “fines del movimiento” estaban en el pasado, no eran un ideal sino que habían sido una “realidad efectiva”, una larga lista de realizaciones peronistas, desde la gratuidad de todos los niveles educativos, la creación de la universidad obrera, un ambicioso plan de salud pública, los convenios colectivos de trabajo, el aguinaldo, las vacaciones pagas, la universalidad de las jubilaciones y pensiones, la vivienda social de excelente calidad, el turismo social, la nacionalización de los depósitos bancarios, la administración del comercio exterior, la creación de la marina mercante, el instituto de seguros y reaseguros, la función social de la propiedad, la inalienabilidad de los recursos estratégicos, los derechos sociales (a la vivienda, a la salud, al trabajo, a la alimentación, al vestido), a la educación y al acceso a los bienes culturales, los derechos del trabajador a un salario justo, a la capacitación, a la seguridad y estabilidad, a buenas condiciones de labor, a la protección de su familia, los derechos de la ancianidad y la niñez, consagrados constitucionalmente en 1949.

El retorno del peronismo (triunfador en primera vuelta en marzo de 1973) y particularmente el de Perón (lo que fue palpable en el 65% que obtuvo en septiembre) tenía que significar, en las esperanzas populares, el retorno a ese pasado de trabajo, de seguridad, de estabilidad y bienestar.

¿Estaba el peronismo decidido a sostener esos derechos como lo que eran, como siempre los había concebido, como derechos básicos de las personas o prefería zanjar sus diferencias internas poniendo el esfuerzo en preservar las estructuras gremiales y partidarias? ¿Era esto una opción? ¿Eran objetivos y tareas divergentes?

Y, primero y principal ¿era posible ese “retorno”? ¿podía el futuro estar en el pasado? ¿Las condiciones económicas para llevar a cabo semejante revolución eran similares, acaso comparables? ¿se disponía ahora de las mismas estructuras de poder en las que esa revolución se había sostenido? Estaba la CGT, aun más poderosa, más experimentada, aunque también mañosa y comprometida con el régimen con el que debía acabarse, pero ¿dónde estaba ese Ejército que había sido el verdadero, el auténtico partido político en base al que Perón se había hecho lo suficientemente fuerte como para dar vuelta el país como si fuese una media?


Conspirando en su contra

Esa era la dura realidad que ni el dentista conservador, ni los jóvenes “infiltrados” ni los sindicalistas “traidores” parecían tener en cuenta.

Ya se ha dicho: en un acentuado aislamiento, casi un cerco, regional, con Fuerzas Armadas cooptadas por los intereses y las ideas oligárquicos y trasnacionales, todo el poder de ese momento del proceso revolucionario consistía en la autoridad política del líder, la representatividad y capacidad de José Ber Gelbard y la lealtad de José Ignacio Rucci.

Hasta que, como en el estribillo de Carlos Puebla, “llegó el Comandante y mandó parar”. Había que detener el desorden, acabar con el caos, encauzar las energías hacia lo posible y necesario.

Pero ya era tarde: ni él podrá contra la inercia.

En este contexto, otro 11 de marzo, tres años más tarde, se consumará la tragedia de un hombre bondadoso, recto, valeroso y decente, cuyos méritos ni sus adversarios de entonces negarían después ni, mucho menos, negarían ahora, vistas las consecuencias.


El otro 11 de marzo

Si bien había nacido en Tucumán en 1921, el “peronista histórico” Miguel Ragone, vivió y estudió en Salta hasta que se dirigió a la Capital Federal a cursar medicina en la Universidad de Buenos Aires. Graduado en 1948, fue convocado por Ramón Carrillo, legendario ministro de Salud de las dos primeras presidencias de Juan Perón. Secretario privado del ministro y colaborador del Plan de Salud, fue luego el primer director del Hospital Neurosiquiátrico de Salta, que hoy lleva su nombre.

Al producirse el golpe de Estado de 1955, con sólo 34 años de edad, era ya un médico respetado. Vinculado a la Resistencia Peronista, en 1957 es detenido por razones políticas y permanece en prisión durante siete meses, hasta la amnistía que decreta Arturo Frondizi.

Ya conocido como “El médico del pueblo”, fue junto a Ricardo Falú (primer director de El Tribuno, diario fundado por el Partido Peronista y apropiado luego de la revolución libertadora por el radical frondizista Roberto Romero) uno de los creadores y principales dirigentes de la Lista Verde. En acuerdo con varios grupos genéricamente denominados “los reconquistas” (en razón de que uno de ellos era el Grupo Reconquista de Armando Caro Figueroa, Manuel Pecci y Pedro González) la Lista Verde se impone en el congreso partidario por sobre la Lista Azul y Blanca liderada por Horacio Bravo Herrera, proclamando la fórmula integrada por Ragone y el delegado normalizador de la CGT Olivio Ríos.

Se dice que el supuesto acuerdo no habría sido tal, que Ragone había sido designado por el Srectario General del Movimiento Nacional Justicialista Juan Manuel Abal Medina o que, dada la popularidad del neoperonista Ricardo Durand, líder del Movimiento Popular Salteño y dos veces gobernador de la provincia, las candidaturas de Ragone y Ríos habrían sido meramente testimonial.

Como sea, el 11 de marzo de 1973, Ragone sorprendió a propios y ajenos al imponerse en forma aplastante con el 57% de los votos emitidos (121472 sobre un total de 212342) contra el 15.68 % del “favorito” Movimiento Popular Salteño y el 13,12% de la Unión Cívica Radical


El médico del pueblo

Hombre sencillo, de origen humilde, no pertenecía a los sectores sociales dirigentes de la provincia, no estaba emparentado con las familias tradicionales ni, mucho menos, era socio del oligárquico club 20 de Febrero, donde solían ser ungidos los gobernadores de la provincia. Por el contrario, por profesión, origen, inclinación e identidad política estaba en estrecho contacto con los sectores más humildes, con quienes se codeaba en las calles y comenzó a recibir abiertamente en la Casa de Gobierno, lo que le valió el recelo del clero y la oligarquía locales, quienes de inmediato lo consideraron “comunista”. Nada extraño en una provincia donde hasta el sector Azul del Ejército (en el que descollaron los generales Onganía, Lanusse, López Aufranc) había sido alguna vez tomado por “comunista”.

Para el historiador Gregorio Caro Figueroa, quien fuera su secretario privado, “en Salta la cuestión simbólica es muy fuerte. Aunque Ragone no haya promovido ningún trastorno social, el hecho de haber llegado a gobernador y de haber impuesto un estilo, que era por lo menos inquietante, como por ejemplo que recibía a los pobres en la Casa de Gobierno, la apertura que tenía, la ruptura del protocolo era un estilo que inquietaba y eso se lo hicieron pagar caro».

Jesús Pérez, autor de una biografía suya, sostiene que “A pesar de la irritación de sus funcionarios los pasillos de la Casa de Gobierno solían estar abarrotados de gente que solicitaba solución de problemas apremiantes. Tantas y tales eran las necesidades postergadas que la gente lo seguía y esperaba en la puerta de su casa para ser escuchada por el gobernador y no llegaba a almorzar hasta bien avanzada la tarde. Estas cuestiones de “andar pateando el pobrerío» eran vistas por la buena gente salteña, como pura demagogia”.

«Ragone tomó algunas medidas –dirá Caro Figueroa–, le daba mucha importancia al tema de la política social. Pero el ’73 fue un desborde porque las demandas de la gente estaban tan postergadas, la gente entró en la Casa de Gobierno, después de casi 20 años. Entonces eran tantas las expectativas y tan limitadas las posibilidades de comenzar a satisfacerlas, que fue una cuestión grave…


Por los principios sociales

Miguel Ragone será el último gobernador salteño en llevar adelante un sincero acercamiento a los indígenas wichis, en cuyas “tolderías” llegó en ocasiones a pernoctar y para quienes reivindicará derechos secularmente conculcados.

Pero si provocaba escozor su “populismo”, su extrema austeridad (hasta el extremo de jamás aceptar viáticos, ni aun para sus viajes oficiales a la capital del país), su hábito de rechazar los símbolos del mando, de rehusarse a usar el lujoso despacho asignado al gobernador, su costumbre de andar sin escolta, ya su discurso de asunción tenía que erizar los pelos del conservadurismo local, de muchos de sus compañeros y, nada sorprendentemente, de las vestales erigidas en custodias de “la doctrina”. No sería esa ni la primera ni la última vez que la apelación a la ortodoxia encubra la reacción conservadora, del mismo modo que el trasnochado ultraizquierdismo suele apenas ocultar el resentimiento y el despecho de los desplazados.

En sintonía con el tono de la campaña tanto local como nacional del Frejuli sostendrá que «Nos hemos pronunciado por la liberación rechazando la dependencia. Todos sabemos el significado de ambas palabras y sabemos de qué y de quienes debemos liberarnos y si nuestro pensamiento se asocia de inmediato a los grandes imperialismos, es necesario comprender que también regionalmente debemos liberarnos e independizarnos, sabiendo que en Salta hay hombres que trabajan y hombres que viven del trabajo de los demás»

Y añadirá: «El mío será un gobierno de austeridad, con profundo sentido humanitario y revolucionario. Entiendo que revolucionario significa un cambio que nosotros lo queremos como lo quiere el general Perón, hecho en paz, apelando a la razón y no a la fuerza»

Las urgencias y las carencias de un pueblo empobrecido, marginado y despreciado, eran muchas y requerían de una solución urgente, muy especialmente en el área que era de su mayor conocimiento y preocupación: “…trabajo, vivienda y alimentos sanos son los componentes indirectos de la salud y el bienestar del pueblo y es en este terreno donde el gobierno provincial debe sentar su mayor esfuerzo y cumplir el verdadero sentido de previsión del individuo…Aspiramos a la creación de un seguro de salud para todos los habitantes, tomando como base el actual Instituto Provincial de Seguros (…) Como médico de pueblo que soy y he vivido y comprendido el dolor y la miseria de los desamparados ,no he de descansar hasta ver cumplido el propósito que reza en la doctrina justicialista, que tanto ricos como pobres deben poseer idénticas posibilidades de curarse. Esto significa atención médica completa y medicamentos gratuitos. Esto es imperativo revolucionario”.

Al momento de su asunción la provincia enfrentaba una seria crisis económica originada en el desmesurado crecimiento de la deuda pública provincial. “En 1955 –dirá Ragone– era del orden de los 247 millones de pesos moneda nacional, mientras que nosotros recibimos una provincia con 21.700 millones de pesos en concepto de deuda (…) Existían en 1955 en la administración pública provincial 5.969 cargos. Actualmente ese número asciende a 16.232 cargos. Esta es la obra de quienes acusaron al peronismo de crear una frondosa burocracia” Y agregará: “La Provincia, como parte integrante de la Nación, padece la deformación colonialista impuesta por los centros mundiales de poder pero también está sometida a otras formas de colonialismo impuesto en beneficio del puerto de Buenos Aires”.

De acuerdo a la situación, elaboró un Plan Trienal que, por falta de apoyo, jamás pudo ponerse en marcha y suprimió gastos que consideraba superfluos: prescindió del uso de automóvil y chofer, se dirigía a la casa de gobierno a pie o en su auto particular, jamás hizo uso del avión provincial y reembolsaba puntillosamente todos los viáticos. Pero seguramente lo que mayor espanto provocó fue su decisión de reformar la institución policial y el sistema penitenciario.


Una policía de otro planeta

Designó jefe de Policía al veterano militante peronista Rubén Fortuny, con quien, aun antes de asumir, inspeccionó la Cárcel Penitenciaria Modelo, encontrándose «con el espectáculo deprimente de menores abandonados por la justicia, por las autoridades, por sus padres, que deambulaban desnudos, hambrientos, sucios, esperando que se cumpla aquello que decía el General «En la Argentina, los únicos privilegiados son los niños».

Luego de reubicar a los detenidos de acuerdo a su edad y de estudiarse los legajos policiales, muchos fueron enviados bajo la custodia de sus padres a sus casas y otros a la colonia dirigida por los Padres Concepcionistas.

Asimismo, fueron demolidas las celdas de castigo de la Central de Policía, donde 190 detenidos se hacinaban 18 celdas diseñadas para albergar a 30 personas.

Trascartón, Fortuny decidió equipar el gabinete científico de la policía, que carecía hasta de una lupa para verificar huellas dactilares, con el producto de la venta de las armas adquiridas por el gobierno militar, retiró de servicio los camiones hidrantes y, pintados de flores, los carros de asalto fueron utilizados para trasporte escolar de niños de los barrios cadenciados.

Se inició sumario a los policías acusados de abusos y torturas y Fortuny dirigió personalmente el operativo de traslado de los represores a lugares lejanos de la provincia. Cuando los torturadores enjuiciados y encarcelados fueron liberados por decisión judicial, Fortuny presentó la renuncia. Pocos días después fue asesinado en la plaza central de la ciudad de Salta.

Acuciado y hostigado por el establishment económico, religioso y político, especialmente el de su propio partido, declarado persona non grata por la CGT local, Ragone se vio obligado a volver a poner al frente de la policía al anterior jefe, que había sido expulsado por Fortuny


Hacia el final

En palabras de Gregorio Caro Figueroa “Salta no fue ajena a ese clima de época dominado por la sospecha y la caza de brujas. Entre 1973-1974, el argumento central y final que usaban los grupos violentos enfrentados en Salta tenía una simetría perfecta. Mientras la llamada izquierda peronista o Montoneros instaba a defender «al gobierno popular» presidido por el doctor Ragone, depurándolo de «infiltrados de derecha, reaccionarios y traidores», los sectores identificados con la Patria Peronista convocaban a «erradicar a los marxistas infiltrados» para, luego, derrocar al gobierno provincial. Desenterrando las oxidadas armas de la Inquisición, pero sin las formalidades del proceso inquisitorial, ambos extremos se colocaban como guardianes de la «pureza doctrinaria»”.

Era una encerrona de la que el gobernador no podía escapar, pero siempre se negó a reprimir ni responder a los agravios y la difamación de una oposición cada vez más cerril, enceguecida y despiadada. Cuando tras una concentración integrantes de la CGT y la lista Azul y Blanca de Bravo Herrera ocuparon la casa de gobierno a fin de destituirlo, Ragone se limitó a convocar una concentración que colmó la plaza 9 de julio, obligándolos a deponer la absurda actitud.

Finalmente, sus opositores consiguieron lo que querían y en noviembre de 1974, durante el gobierno de María Estela Martínez, por decreto del ministro de Interior Alberto Rocamora la provincia fue intervenida y Ragone expulsado de la gobernación.

Acusado de infiltrado, comunista y montonero, este peronista histórico jamás adhirió ni integró el Partido Auténtico, en el que se le había ofrecido un puesto dirigente. Continuó con su trabajo de médico hasta que una mañana de un infausto 11 de marzo de 1976 un grupo de tareas que contaba con “zona liberada” y respondía a las órdenes del III Cuerpo de Ejército, lo secuestró muy cerca de su casa, asesinándolo presumiblemente en forma inmediata. Su cuerpo jamás apareció.

Tan sólo trece días después sobrevendría el golpe de Estado al que tanto el peronismo, en todas sus variantes, tanto locales como nacionales, había contribuido tan irresponsablemente y del cual sería su principal víctima.

Siete años después, al finalizar esa negra noche de asesinatos, represión y abierta entrega del patrimonio nacional, quienes tal vez desde una visión más conservadora del peronismo y una concepción más pragmática de la política habían enfrentado hasta anularla, la voluntad transformadora y el espíritu revolucionario, justiciero y profundamente popular del “infiltrado”, serían víctimas de un auténtico infiltrado, ese que tras apropiarse del diario oficial del peronismo, como quien se queda con el santo y la limosna, se apropiaría también del gobierno provincial y hasta del mismo peronismo.

Paradojas de la inercia y la estupidez del propio peronismo y de la gobernación.

Ese peronismo histórico, transformador, progresista y hasta revolucionario se enfrentaba inevitablemente con el otro, el conservador, el pragmático, el del orden. Derrotado el primero el otro emerge en 1983 (Romero en Salta entre otros), y se consolida a nivel nacional con Menem en 1989 y otra vez con Romero jr. en Salta en 1996. Y no es una cuestión de nombres, es el PJ que se reconvierte en una nueva fuerza, ahora sí neo peronista, el pejotismo.

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Teodoro Boot

Periodista, autor de las novelas «Pureza étnica», «La termocópula del doctor Félix», «Espérenme que ya vuelvo», «No me digas que no», «Sin árbol, sombra ni abrigo» y «Ahora puede contarse», entre otros títulos.



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