A cincuenta años del secuestro de Miguel Ragone, único gobernador constitucional desaparecido durante el terrorismo de Estado en Argentina, la escritora salteña Raquel Espinosa presenta en Gente en Casa su cuarta novela, Quizás me salve de otras muertes: la primera ficción literaria construida enteramente alrededor de su figura. En diálogo con Susana Tesio, Espinosa revela una operación narrativa tan delicada como deliberada: nombra a Ragone solo a través de una fotografía en la tapa, mientras el cuerpo del texto lo llama simplemente "el Doctor", y desplaza a sus opositores históricos hacia la alegoría de la mitología griega. Este ensayo analiza esa entrevista a la luz de las teorías argentinas sobre justicia transicional y memoria —Nino, Teitel, Pollak, Jelin, Maffía— para entender por qué, en 2026, la literatura se vuelve una vía tan legítima como los tribunales para sostener lo que el olvido todavía amenaza con borrar.
Por Fernando Pequeño
Ragone
asistido por Gemini Notebook, Gemini Pro y Claude IA
Raquel Espinosa llega a
Gente en Casa, el ciclo matutino que conduce Susana Tesio en El10 (Salta), como
quien llega a una conversación de sobremesa. Habla despacio, elige las
palabras, hace pausas cargadas de sentido. No presenta un libro cualquiera: presenta
su cuarta novela, Quizás me salve de otras muertes (Editorial BTU, 2026), la
primera ficción salteña construida enteramente alrededor de la figura de Miguel
Ragone, el único gobernador constitucional desaparecido durante el terrorismo
de Estado en Argentina (Cuarto.com.ar, 2026). La entrevista, breve y de tono
doméstico —con el perro Coco entrando y saliendo de cuadro—, esconde sin
embargo una operación literaria y política mucho más compleja de lo que su
formato deja ver.
Ver entrevista completa en https://www.facebook.com/share/v/1BpTymwkLK/
Un nombre que no se pronuncia
Lo primero que llama la
atención es lo que Espinosa decide callar. Cuando Tesio le pregunta, sin
rodeos, si el exgobernador de su novela es Ragone, la respuesta es reveladora:
“la novela no lo menciona en ningún momento […] pero en la tapa ostenta una fotografía
de Miguel Ragone a quien la novela evoca” (R. Espinosa, comunicación personal,
Gente en Casa, El10, 2026). El personaje central no tiene nombre propio; se lo
llama “el Doctor”, en alusión a su profesión de médico neurólogo. La
identificación queda reservada al paratexto: una fotografía poco difundida de
su juventud, elegida deliberadamente por evocar “su época de juventud o de
hombre joven” y no la imagen final, trágica, con la que la memoria pública
suele fijarlo.
Esta decisión narrativa
puede leerse a la luz de lo que Michael Pollak (2006) llamó el encuadramiento
de la memoria: toda selección de lo que se dice y lo que se calla es, en sí
misma, una toma de posición sobre qué versión del pasado se transmite. Espinosa
no oculta a Ragone —lo señala con insistencia a través del título y de la
imagen de tapa—, pero evita fijarlo en el relato del horror. Es una memoria que
se resiste al olvido sin, al mismo tiempo, querer clausurar al personaje en el
lugar de la víctima.
El mismo gesto se repite
con los antagonistas históricos de la gestión de Ragone. Espinosa explica que
aparecen en la novela, pero “no con nombres propios […] disfrazados a través de
personajes clásicos de la mitología griega y de la literatura” (comunicación
personal, 2026). Es un desplazamiento alegórico que despolitiza la superficie
del texto sin renunciar a narrar el conflicto de fondo: cómo una alianza que
“era una armonía deviene en discordia”. Cuando Tesio insiste por los
detractores actuales del proyecto político de Ragone, la escritora esquiva la
pregunta con cautela —“no conozco los detractores que haya actuales […] he
trabajado con la bibliografía”—, un silencio que, siguiendo otra vez a Pollak
(2006), no equivale a ausencia de memoria sino a una gestión deliberada de lo
decible: la novela no busca reabrir la polarización política salteña del
presente, sino sostener, por otra vía, la exigencia de no olvidar.
Emprender la memoria desde la ficción
Elizabeth Jelin (2002)
describe a quienes transforman testimonios dispersos y archivo documental en
relato público como emprendedores de la memoria: sujetos que disputan un lugar
en las “batallas por la memoria” desde el campo cultural, no desde el Estado ni
desde la militancia directa. Espinosa encaja con precisión en esa figura.
Relata a Tesio un método de trabajo que combina investigación de archivo,
lectura de bibliografía existente y entrevistas con personas que conocieron a
Ragone, además de una instancia de revisión colectiva del manuscrito antes de
su edición. Reconoce, además, que sobre Ragone existían ya “artículos
periodísticos […] libros de historia […] alguna historieta, alguna canción”,
pero nunca una novela: el vacío específico que su obra viene a llenar en ese
circuito de soportes culturales de la memoria salteña.
Esa afirmación —“no
había” una novela sobre el personaje— sitúa el libro en un momento preciso de
la trayectoria de la memoria pública argentina. Este 2026 se cumplen cincuenta
años del secuestro de Ragone, ocurrido el 11 de marzo de 1976, trece días antes
del golpe cívico-militar (Cuarto.com.ar, 2026; Salta.gob.ar, 2026). El hecho
recién tuvo su primera condena judicial en 2011, quince años antes de esta
entrevista, y una segunda instancia en 2019, referida al encubrimiento judicial
del caso a cargo del entonces juez Ricardo Lona (Tribunal Oral Federal de Salta
N.º 2, 2019). La novela de Espinosa aparece, entonces, no como una intervención
aislada sino como el eslabón más reciente de un proceso de justicia que, en
términos de Ruti Teitel (2000), se ha desplegado siempre en oleadas
dependientes del contexto político: leyes de impunidad en los años ochenta,
reapertura de causas tras la anulación de Punto Final y Obediencia Debida en la
década siguiente, y hoy, medio siglo después del hecho, una vía cultural y
editorial que sostiene la memoria en un momento en que, según advierten
publicaciones de organismos de derechos humanos salteños, las políticas oficiales
de memoria vuelven a estar sujetas a “tiempos de retroceso”.
La huella nineana de la ficción
histórica
Carlos Nino (1996)
sostuvo que el Juicio a las Juntas de 1985 constituyó una condición de
posibilidad para la consolidación democrática argentina, en tanto sometía a la
ley aquello que el corporativismo militar pretendía impune. La novela de
Espinosa no es, desde luego, un acto judicial, pero puede leerse como su
prolongación cultural: mantener viva, por otros medios, la exigencia de que el
mal cometido contra Ragone no se naturalice ni se disuelva en el archivo.
Cuando la escritora afirma a Tesio que “la muerte más terrible es la muerte del
olvido”, articula casi sin proponérselo el mismo argumento que sostiene, en
otro registro, la obligación estatal de investigar y sancionar: la democracia
necesita recordar el mal radical para no repetirlo.
Una trayectoria de investigadora hecha
novelista
Espinosa no llega a este
tema desde la nada. Menciona, en la propia entrevista, años de trabajo junto a
Mabel Parra y Olga Armata sobre prensa escrita salteña, en proyectos del
Sistema de Investigación de la Universidad Nacional de Salta (SIUNSa) —una trayectoria
académica que explica el rigor documental con que aborda la ficción histórica
en sus cuatro novelas—. Esta es la cuarta; las anteriores no se detallan en la
entrevista y no ha sido posible verificar sus títulos con fuentes públicas
disponibles (no especificado). Lo que sí queda claro es su concepción del
género: “la novela es un género que a veces algunas personas no valoran lo
suficiente […] entra por los intersticios […] como una ventanita por la que uno
puede espiar” la vida privada de un personaje histórico. Es una defensa
explícita de la ficción como forma de conocimiento complementaria —nunca
sustitutiva— del dato historiográfico y judicial.
Género, intimidad y memoria doméstica
Aunque el fragmento no
aborda explícitamente cuestiones de género, resulta pertinente leer, con Diana
Maffía (2016), la operación subjetiva que atraviesa el relato de Espinosa: el
desplazamiento del heroísmo político viril —el mártir combatiente, la épica
armada— hacia un registro doméstico e íntimo. La novela recuerda la infancia de
una narradora en la recta de Cánepa, camino de Los Álamos; recupera la figura
del padre que abre una ventana ante la policía; construye a Ragone no desde la
proclama sino desde la vida privada y familiar. Es una subjetivación
poshegemónica de la memoria militante, coherente con lo que la propia Espinosa
formula como programa estético: mostrar “esa otra faceta por la que él logró
trascender”, más allá de la imagen final y trágica.
Siguiendo a Diana Maffía en
su trabajo de epistemología feminista, se puede deducir que Raquel Espinosa trabaja
en una sintonía crítica a la razón y al sujeto "universal" moderno,
mostrando que ese sujeto —supuestamente neutro— estaba en realidad modelado
sobre el varón blanco, heterosexual, racional y guerrero. Para Maffía, ese
modelo de subjetividad no es un accidente: es la base sobre la que se construyó
buena parte del relato político y filosófico occidental, incluida la épica del
héroe, el mártir, el combatiente.
Espinosa en vez de narrar
a Ragone desde la épica armada o el heroísmo viril —el líder que se enfrenta,
que resiste, que cae combatiendo—, en su novela lo narra desde la ventana de
una casa, desde la infancia, desde el padre que abre la puerta a la policía.
Llamamos "poshegemónica" a esa subjetivación porque desplaza el
centro de gravedad del relato: ya no es el hombre público el protagonista
exclusivo, sino la trama doméstica, familiar, relacional, que tradicionalmente
quedaba en un segundo plano frente al relato heroico masculino.
Una obra que llega en su momento
A cincuenta años del
secuestro de Ragone, en un presente donde el cuerpo del exgobernador nunca fue
hallado y donde, según la propia autora reconoce, persisten “interrogantes que
no se han solucionado”, Quizás me salve de otras muertes se inscribe con nitidez
en lo que Jelin (2002) llama una memoria “ejemplarizante”: no busca la denuncia
inmediata ni el ajuste de cuentas con el presente político, sino la transmisión
afectiva y duradera de una figura que la justicia, por sí sola, no ha terminado
de restituir. Leída con Nino y con Teitel, la novela de Espinosa confirma que
la garantía democrática contra el olvido no se agota en los expedientes
judiciales: se reactiva, generación tras generación, en cada nuevo soporte
cultural que un territorio como el norte argentino todavía está dispuesto a
producir.
Referencias
Cuarto.com.ar. (2026). La novela
histórica de Raquel Espinosa que aborda a Ragone más allá del político. https://www.cuarto.com.ar/literatura-saltena-la-novela-historica-de-raquel-espinosa-que-aborda-a-ragone-mas-alla-del-politico/
Cuarto.com.ar. (2026). "Fue
secuestrado en Salta el ex gobernador Miguel Ragone": la tapa de Clarín
del 12 de marzo de 1976. https://www.cuarto.com.ar/
Cosecha Roja. (2016). Homenaje a
Miguel Ragone a 40 años de su desaparición. https://www.cosecharoja.org/homenaje-a-miguel-ragone-a-40-anos-de-su-desaparicion/
Gente en Casa, El10. (2026). Entrevista
de Susana TEssio a Raquel Espinosa. https://www.facebook.com/share/v/1E2DphpB8q/
Jelin, E. (2002). Los trabajos de la
memoria. Siglo XXI Editores.
Maffía, D. (2016). Feminismos y
epistemologías críticas: Debates para pensar la desigualdad. CLACSO.
Nino, C. S. (1996). Radical evil on
trial. Yale University Press.
Pollak, M. (2006). Memoria, olvido,
silencio: La producción social de identidades frente a situaciones límite.
Ediciones Al Margen.
Salta.gob.ar. (2026). A 50 años de su
desaparición el legado de Miguel Ragone sigue presente en la memoria salteña.
https://www.salta.gob.ar/prensa/noticias/
Teitel, R. (2000). Transitional
justice. Oxford University Press.
Tribunal Oral Federal de Salta N.º 2.
(2019). Fundamentos, causa N.º 48/17 “Lona, Ricardo s/encubrimiento y
prevaricato”. Ministerio Público Fiscal.