Voces de la Memoria: Villamayor, Ragone y la Disputa por el Pasado en la
Radio Salteña (2006) [1]
[2]
(Fernando Pequeño con NotebookLM y
Claude, ene 2026)
La Docencia Radial: Villamayor como Fiscal de lo Cotidiano
El 6 de febrero de 2006, la voz de Juan Carlos Villamayor
resonaba en FM Pacífico 92.9 no para conmemorar gestas históricas ni para
anticipar el aniversario del secuestro de Ragone que marcaría el mes siguiente,
sino para ejercer lo que él mismo llamaba su "docencia radial": una
fiscalización ciudadana de los problemas más inmediatos y viscerales de Salta.
Esa mañana, su micrófono no apuntaba hacia el pasado sino hacia dos realidades
cotidianas que exponían las contradicciones del presente: la guerra simulada
contra el narcotráfico y la humanidad perdida en los pasillos de un hospital
público.
La emisión del 6 de febrero captura a Villamayor en su
faceta de auditor social, ejerciendo desde los medios un rol que trasciende lo
periodístico para convertirse en una forma de intervención política directa. Su
discurso se articula en torno a dos grandes denuncias que, aunque aparentemente
inconexas, comparten una misma raíz crítica: el fracaso del Estado en proteger
a los más vulnerables y la hipocresía de un sistema que castiga a los débiles
mientras protege a los poderosos.
El Narcotráfico de los "Pichiruchis"
La primera línea argumental que desarrolla Villamayor es una
crítica mordaz a la lucha contra el narcotráfico en Salta, específicamente en
la zona del "Bajo Chico". Con un lenguaje directo y popular, denuncia
que las fuerzas de seguridad y la justicia solo capturan a los
"pichiruchis" o "perejiles", los eslabones más débiles de
la cadena del tráfico de drogas. Su argumento central no es que no se hagan
detenciones, sino que estas son estratégicamente selectivas: se persigue al
distribuidor de esquina, al vendedor callejero, al adicto revendedor, mientras
los verdaderos proveedores y protectores del negocio permanecen bajo una
"sábana" o "frazada" que los vuelve intocables.
| El joven Villamayor, en el gobierno de Ragone, 1974. |
Esta denuncia no es ingenua. Villamayor demuestra conocer las estructuras del narcotráfico cuando cuestiona la efectividad de organismos como la DEA, señalando que solo se incauta entre el 5% y 10% de la droga circulante. Más aún, sugiere que las grandes detenciones mediáticas no son resultado de una verdadera voluntad de terminar con el tráfico, sino ajustes de cuentas entre mafias que disputan territorios. La pregunta que lanza al aire es incómoda: ¿quiénes son los verdaderos narcotraficantes de peso en Salta? ¿Quién los protege?
Desde la perspectiva actual, veinte años después, esta
denuncia adquiere una resonancia profética. El enfoque punitivo sobre los
eslabones más débiles del narcotráfico sigue siendo el eje de las políticas de
seguridad en Argentina, mientras las estructuras de poder que sostienen el
negocio permanecen intactas. Villamayor no solo identificó el problema en 2006,
sino que señaló la complicidad sistémica que lo perpetúa.
La Ética Hospitalaria y el Trato al Ciudadano
La segunda mitad de la emisión toma un giro inesperado
cuando Villamayor narra su experiencia personal tras sufrir un desmayo en la
vía pública y ser atendido en el Hospital San Bernardo. Lo que podría haber
sido un simple testimonio de agradecimiento se convierte en una reflexión sobre
la ética en la función pública y el trato al ciudadano común.
Villamayor comienza elogiando la mejora en la gestión del
hospital bajo la gerencia del Dr. Esteban, destacando la limpieza, el clima de
trabajo y la celeridad del servicio de emergencia SAMEC. Su valoración es
significativa porque proviene de alguien que conoce desde adentro el
funcionamiento del Estado, un exintendente que puede comparar la gestión actual
con administraciones previas. El reconocimiento no es complaciente: es el de un
fiscal que registra lo que funciona tanto como lo que falla.
Pero el núcleo de su relato está en el conflicto con una
enfermera que lo trató con sarcasmo por ser "importante", un
ex-intendente. La anécdota, que Villamayor narra con lujo de detalles, expone
una disparidad ética profunda. La enfermera jefa, a quien refiere como "la
cava", asume que por su condición de figura pública recibirá un trato
preferencial y lo increpa irónicamente. Villamayor responde con una máxima que
define su postura: "todos los enfermos son importantes", independientemente
de su estatus social o político.
Esta defensa de la igualdad ante el servicio público no es
abstracta. Villamayor utiliza su experiencia para denunciar el
"relaje" o maltrato que sufren los pacientes humildes, aquellos que
no tienen medios para defenderse ni contactos para exigir buen trato. Su
argumento es que la prioridad del celo profesional debe estar en los más
modestos, no en quienes ya tienen poder o recursos. La enfermera representa, en
su relato, una perversión del servicio público: el funcionario que maltrata al
débil y adula al poderoso.
Villamayor como Fiscalizador Social
Lo que unifica ambas denuncias es la construcción de
Villamayor como fiscalizador social, un rol que asume conscientemente desde su
programa radial. No se trata de periodismo neutral ni de análisis académico: es
intervención política desde los medios, un uso del micrófono como herramienta
de auditoría ciudadana. Villamayor dialoga implícitamente con sus colegas Tito
Devita y Molinati, pero su verdadero interlocutor es el poder: las fuerzas de
seguridad que no persiguen a los narcotraficantes grandes, el personal
hospitalario que maltrata al paciente humilde, el sistema que simula combatir
problemas mientras protege los intereses que los perpetúan.
En esta emisión específica no hay disparidades entre
interlocutores en tiempo real porque se trata de un monólogo editorial. Pero
existe una marcada disparidad ética entre la visión de Villamayor y aquellos a
quienes señala: las fuerzas de seguridad a las que acusa de ineficacia o
complicidad, el personal hospitalario "relajado" que no cumple su
vocación de servicio. Estas disparidades no son incidentales, son
estructurales. Exponen las contradicciones de un Estado que funciona para
algunos y contra otros.
Memoria Institucional y Vigencia del Discurso
Desde la actualidad, las interlocuciones de Villamayor
adquieren valor como ejercicio de memoria institucional. Su denuncia sobre el
enfoque en los "pichiruchis" del narcotráfico sigue siendo un debate
vigente en las políticas de seguridad actuales. Su énfasis en la humanización
del trato hospitalario resalta la importancia de la ética profesional en el
servicio público, un concepto que trasciende la época. La mención de figuras
médicas y políticas como el Dr. Esteban, el Dr. Castilane y la enfermera jefa permite
reconstruir el mapa de poder y gestión de la salud en la provincia de Salta
hace casi dos décadas.
El discurso se sitúa en la Salta de inicios de 2006, un
periodo de relativa estabilidad institucional tras la crisis de 2001, pero con
problemas crecientes de inseguridad y tráfico de estupefacientes. La zona del
"Bajo Chico" que menciona Villamayor era ya entonces un territorio
marcado por la marginalidad y el comercio ilegal, una realidad que el Estado
combatía con operativos mediáticos mientras las estructuras profundas del
narcotráfico permanecían intocadas.
Lo notable de esta emisión es que Villamayor no habla desde
la nostalgia ni desde la denuncia abstracta. Habla desde la experiencia
concreta: como exintendente que conoce el funcionamiento del poder, como
paciente que sufrió un desmayo y experimentó el sistema de salud, como
ciudadano salteño que camina por el "Bajo Chico" y ve lo que el poder
prefiere no ver. Su legitimidad no viene solo de su pasado político sino de su
disposición a exponerse, a narrar su propia vulnerabilidad, a convertir lo
personal en argumento político.
Al concluir la emisión, Villamayor reafirma su compromiso
con la "docencia radial", ese concepto que define su estilo: utilizar
el espacio mediático para señalar las injusticias del sistema mientras reconoce
los avances en la infraestructura estatal. No es un opositor sistemático ni un
oficialista complaciente. Es un fiscal de lo cotidiano, alguien que cree que el
micrófono es una herramienta para obligar al poder a mirarse en el espejo de
sus propias contradicciones.
Esa vocación pedagógica, esa voluntad de "hacer
docencia" desde la radio, define no solo esta emisión sino el proyecto
comunicacional de Villamayor en FM Pacífico. En las semanas siguientes, ese
mismo micrófono se convertiría en tribuna para exigir justicia por Ragone y
denunciar el oportunismo político. Pero el 6 de febrero de 2006, el objeto de
su fiscalización era más inmediato: el narcotráfico de los pichiruchis y la
enfermera que no supo ver que, en un hospital público, todos los enfermos son
importantes.
Ese día, Villamayor no habló de la historia. Habló del
presente. Y al hacerlo, dejó un testimonio que hoy funciona como documento
histórico de una Salta que ya no existe, pero cuyos problemas siguen esperando
solución.
[1]
Orden (NotebookLM): Identifica la fecha de la entrevista y a cada uno de los
interlocutores. Describe las principales líneas de argumentación y sus
derivadas, abordadas por cada uno de los interlocutores. Considera el contexto
histórico y merita sobre el mismo desde la actualidad valorizando las
interlocuciones. En el cierre, sintetiza la posición y las disparidades si las
hubiere, entre los interlocutores.
[2]
Orden: (Claude): Construye un
ensayo con el texto a continuación. Encuentra un título.
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