martes, 7 de febrero de 2006

Voces de la Memoria: Villamayor, Ragone y la Disputa por el Pasado en la Radio Salteña (2006)

La emisión del 6 de febrero captura a Villamayor en su faceta de auditor social, ejerciendo desde los medios un rol que trasciende lo periodístico para convertirse en una forma de intervención política directa. Su discurso se articula en torno a dos grandes denuncias que, aunque aparentemente inconexas, comparten una misma raíz crítica: el fracaso del Estado en proteger a los más vulnerables y la hipocresía de un sistema que castiga a los débiles mientras protege a los poderosos.

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Voces de la Memoria: Villamayor, Ragone y la Disputa por el Pasado en la Radio Salteña (2006) [1] [2]

(Fernando Pequeño con NotebookLM  y Claude, ene 2026)

La Docencia Radial: Villamayor como Fiscal de lo Cotidiano

El 6 de febrero de 2006, la voz de Juan Carlos Villamayor resonaba en FM Pacífico 92.9 no para conmemorar gestas históricas ni para anticipar el aniversario del secuestro de Ragone que marcaría el mes siguiente, sino para ejercer lo que él mismo llamaba su "docencia radial": una fiscalización ciudadana de los problemas más inmediatos y viscerales de Salta. Esa mañana, su micrófono no apuntaba hacia el pasado sino hacia dos realidades cotidianas que exponían las contradicciones del presente: la guerra simulada contra el narcotráfico y la humanidad perdida en los pasillos de un hospital público.

La emisión del 6 de febrero captura a Villamayor en su faceta de auditor social, ejerciendo desde los medios un rol que trasciende lo periodístico para convertirse en una forma de intervención política directa. Su discurso se articula en torno a dos grandes denuncias que, aunque aparentemente inconexas, comparten una misma raíz crítica: el fracaso del Estado en proteger a los más vulnerables y la hipocresía de un sistema que castiga a los débiles mientras protege a los poderosos.

El Narcotráfico de los "Pichiruchis"

La primera línea argumental que desarrolla Villamayor es una crítica mordaz a la lucha contra el narcotráfico en Salta, específicamente en la zona del "Bajo Chico". Con un lenguaje directo y popular, denuncia que las fuerzas de seguridad y la justicia solo capturan a los "pichiruchis" o "perejiles", los eslabones más débiles de la cadena del tráfico de drogas. Su argumento central no es que no se hagan detenciones, sino que estas son estratégicamente selectivas: se persigue al distribuidor de esquina, al vendedor callejero, al adicto revendedor, mientras los verdaderos proveedores y protectores del negocio permanecen bajo una "sábana" o "frazada" que los vuelve intocables.

El joven Villamayor, en el gobierno de Ragone, 1974.

Esta denuncia no es ingenua. Villamayor demuestra conocer las estructuras del narcotráfico cuando cuestiona la efectividad de organismos como la DEA, señalando que solo se incauta entre el 5% y 10% de la droga circulante. Más aún, sugiere que las grandes detenciones mediáticas no son resultado de una verdadera voluntad de terminar con el tráfico, sino ajustes de cuentas entre mafias que disputan territorios. La pregunta que lanza al aire es incómoda: ¿quiénes son los verdaderos narcotraficantes de peso en Salta? ¿Quién los protege?

Desde la perspectiva actual, veinte años después, esta denuncia adquiere una resonancia profética. El enfoque punitivo sobre los eslabones más débiles del narcotráfico sigue siendo el eje de las políticas de seguridad en Argentina, mientras las estructuras de poder que sostienen el negocio permanecen intactas. Villamayor no solo identificó el problema en 2006, sino que señaló la complicidad sistémica que lo perpetúa.

La Ética Hospitalaria y el Trato al Ciudadano

La segunda mitad de la emisión toma un giro inesperado cuando Villamayor narra su experiencia personal tras sufrir un desmayo en la vía pública y ser atendido en el Hospital San Bernardo. Lo que podría haber sido un simple testimonio de agradecimiento se convierte en una reflexión sobre la ética en la función pública y el trato al ciudadano común.

Villamayor comienza elogiando la mejora en la gestión del hospital bajo la gerencia del Dr. Esteban, destacando la limpieza, el clima de trabajo y la celeridad del servicio de emergencia SAMEC. Su valoración es significativa porque proviene de alguien que conoce desde adentro el funcionamiento del Estado, un exintendente que puede comparar la gestión actual con administraciones previas. El reconocimiento no es complaciente: es el de un fiscal que registra lo que funciona tanto como lo que falla.

Pero el núcleo de su relato está en el conflicto con una enfermera que lo trató con sarcasmo por ser "importante", un ex-intendente. La anécdota, que Villamayor narra con lujo de detalles, expone una disparidad ética profunda. La enfermera jefa, a quien refiere como "la cava", asume que por su condición de figura pública recibirá un trato preferencial y lo increpa irónicamente. Villamayor responde con una máxima que define su postura: "todos los enfermos son importantes", independientemente de su estatus social o político.

Esta defensa de la igualdad ante el servicio público no es abstracta. Villamayor utiliza su experiencia para denunciar el "relaje" o maltrato que sufren los pacientes humildes, aquellos que no tienen medios para defenderse ni contactos para exigir buen trato. Su argumento es que la prioridad del celo profesional debe estar en los más modestos, no en quienes ya tienen poder o recursos. La enfermera representa, en su relato, una perversión del servicio público: el funcionario que maltrata al débil y adula al poderoso.

Villamayor como Fiscalizador Social

Lo que unifica ambas denuncias es la construcción de Villamayor como fiscalizador social, un rol que asume conscientemente desde su programa radial. No se trata de periodismo neutral ni de análisis académico: es intervención política desde los medios, un uso del micrófono como herramienta de auditoría ciudadana. Villamayor dialoga implícitamente con sus colegas Tito Devita y Molinati, pero su verdadero interlocutor es el poder: las fuerzas de seguridad que no persiguen a los narcotraficantes grandes, el personal hospitalario que maltrata al paciente humilde, el sistema que simula combatir problemas mientras protege los intereses que los perpetúan.

En esta emisión específica no hay disparidades entre interlocutores en tiempo real porque se trata de un monólogo editorial. Pero existe una marcada disparidad ética entre la visión de Villamayor y aquellos a quienes señala: las fuerzas de seguridad a las que acusa de ineficacia o complicidad, el personal hospitalario "relajado" que no cumple su vocación de servicio. Estas disparidades no son incidentales, son estructurales. Exponen las contradicciones de un Estado que funciona para algunos y contra otros.

Memoria Institucional y Vigencia del Discurso

Desde la actualidad, las interlocuciones de Villamayor adquieren valor como ejercicio de memoria institucional. Su denuncia sobre el enfoque en los "pichiruchis" del narcotráfico sigue siendo un debate vigente en las políticas de seguridad actuales. Su énfasis en la humanización del trato hospitalario resalta la importancia de la ética profesional en el servicio público, un concepto que trasciende la época. La mención de figuras médicas y políticas como el Dr. Esteban, el Dr. Castilane y la enfermera jefa permite reconstruir el mapa de poder y gestión de la salud en la provincia de Salta hace casi dos décadas.

El discurso se sitúa en la Salta de inicios de 2006, un periodo de relativa estabilidad institucional tras la crisis de 2001, pero con problemas crecientes de inseguridad y tráfico de estupefacientes. La zona del "Bajo Chico" que menciona Villamayor era ya entonces un territorio marcado por la marginalidad y el comercio ilegal, una realidad que el Estado combatía con operativos mediáticos mientras las estructuras profundas del narcotráfico permanecían intocadas.

Lo notable de esta emisión es que Villamayor no habla desde la nostalgia ni desde la denuncia abstracta. Habla desde la experiencia concreta: como exintendente que conoce el funcionamiento del poder, como paciente que sufrió un desmayo y experimentó el sistema de salud, como ciudadano salteño que camina por el "Bajo Chico" y ve lo que el poder prefiere no ver. Su legitimidad no viene solo de su pasado político sino de su disposición a exponerse, a narrar su propia vulnerabilidad, a convertir lo personal en argumento político.

Al concluir la emisión, Villamayor reafirma su compromiso con la "docencia radial", ese concepto que define su estilo: utilizar el espacio mediático para señalar las injusticias del sistema mientras reconoce los avances en la infraestructura estatal. No es un opositor sistemático ni un oficialista complaciente. Es un fiscal de lo cotidiano, alguien que cree que el micrófono es una herramienta para obligar al poder a mirarse en el espejo de sus propias contradicciones.

Esa vocación pedagógica, esa voluntad de "hacer docencia" desde la radio, define no solo esta emisión sino el proyecto comunicacional de Villamayor en FM Pacífico. En las semanas siguientes, ese mismo micrófono se convertiría en tribuna para exigir justicia por Ragone y denunciar el oportunismo político. Pero el 6 de febrero de 2006, el objeto de su fiscalización era más inmediato: el narcotráfico de los pichiruchis y la enfermera que no supo ver que, en un hospital público, todos los enfermos son importantes.

Ese día, Villamayor no habló de la historia. Habló del presente. Y al hacerlo, dejó un testimonio que hoy funciona como documento histórico de una Salta que ya no existe, pero cuyos problemas siguen esperando solución.


 



[1] Orden (NotebookLM): Identifica la fecha de la entrevista y a cada uno de los interlocutores. Describe las principales líneas de argumentación y sus derivadas, abordadas por cada uno de los interlocutores. Considera el contexto histórico y merita sobre el mismo desde la actualidad valorizando las interlocuciones. En el cierre, sintetiza la posición y las disparidades si las hubiere, entre los interlocutores.

[2] Orden: (Claude): Construye un ensayo con el texto a continuación. Encuentra un título.


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